El fin de semana pasado celebramos la festividad del Corpus Christi en un pueblo muy pequeñito de la Mancha llamado Pozoseco. Durante todo el año, tiene muy poquitos habitantes, pero en épocas de fiestas y vacaciones el pueblo cobra vida y hay gente por cada uno de sus rincones.

Mi amor por este pueblo empezó hace muchos años, ya que era el pueblo de mis amigas y a mí me gustaba mucho estar allí pero, casualidades de la vida, allí me enamoré y empezó toda mi historia de amor con mi marido.

El Corpus Christi se vive con mucha intensidad e ilusión, ya que es una fiesta con mucho arraigo y tradición familiar.

Esta tradición es de hace casi 400 años, antiguamente quien quería llevar la capa, que era un honor mayor, pagaba un dinero para que se le permitiera salir con ella. Esa costumbre se perdió y hace aproximadamente 7 años, se volvió a recuperar para dar más vistosidad a los actos y por supuesto porque antiguamente ya se utilizaba.

Para mí es un orgullo llevar esta capa y que mis hijos la puedan llevar. Hoy en día, la capa es un obsequio que te dan por coger un cargo, como por ejemplo sargento, alférez, capitán, fiscal…

Ese momento en el que llegamos al pueblo, buscamos las capas para ver si están perfectas, nos la ponemos toda la familia igual, salimos a la calle y nos encontramos  con todos los amigos y gente del pueblo, y todos ellos ya con su capa puesta ¡Es algo muy especial!

En el Corpus los cofrades van en procesión al son de la «pita y el tambor» acompañado con la Custodia y el palio.

El baile de la bandera, La toma del “puñao”, El «cuchicheo, «Juicio y muerte del reo”… Todos y cada uno de estos actos son tradiciones transmitidas familiarmente  desde el día de su fundación.


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